miércoles, enero 17

¡SUBIELA NOT DEAD!

Nevar en Buenos Aires
Miguel Miño, 2005

Existen momentos en la historia en que grandes líneas políticas, estéticas, ideológicas de un campo, o fracción de un campo, son puestas en cuestión por un espacio nuevo (emergente, contra-hegemónico, subversivo, o como prefiera llamarlo, señor destinatario) que tiene, también, formas nuevas de mirar, relatar o contar, cuya función es remplazar a las anteriores. Es entonces cuando aquellas miradas, ahora desplazadas, se ven en la obligación de actualizar la doctrina en función de no perder el tren, para así mantener vigentes sus representaciones del mundo.

(a partir de aquí todo es exagerado, todo esta sobredimensionado)

Nevar en Buenos Aires viene a cumplir ese papel en el cine argentino. El de ser una re-actualización doctrinaria de lo que -permitánme denominarlo así- ha sido el subielismo, con todo lo malo que eso representa para nuestro cine nuevo. Cine que tiene defectos, pero que pudo sacarse de encima esa estúpida solemnidad de las generaciones precedentes a la hora de tratar temas “importantes” como “el amor”, “la vida”, etc.

Nevar en Buenos Aires es una película, moderna, que atrasa 15 años:

  • Cuando entiende que para hablar de amor hay que ser sombrío, oscuro, melancólico. Que una voz impostada que recita –susurra- frases ampulosas –penosas- es la mejor forma que tiene el cine para acercarse al los sentimientos más escondidos del género humano.
  • Cuando cree que los personajes femeninos son atractivos en tanto incomprensibles para los hombres, si aparecen y desaparecen en función de caprichos que sólo la mitología femenina más profunda, e inaccesible, puede explicar.
  • Cuando justifica con los recovecos de la mente humana un guión forzado hasta lo ridículo. Indigna lo previsible cuando la solución al sinsentido es que en realidad, lo que vimos, era producto de la imaginación del protagonista.
  • Cuando juega con cierta poética visual y narrativa que no es más que un artilugio de un cine inexplicablemente atado a la más zonza representación de lo real.
  • Cuando quiere, además, dejar moraleja. Innecesaria escena final en la que el protagonista (muy buena interpretación de Fabio Aste) cubre con su abrigo a un chico que duerme en la calle. Abrigo que fue defendido con uñas y dientes cuando, 12 horas antes, el mismo -u otro, lo mismo da- chico quiso robarlo.
  • Cuando descuida, intolerablemente, la forma por sobre el contenido. La meta es decir algo, no importa como. Se subestima a los espectadores -antológica secuencia en que el personaje toma el subte en una estación y sale del subte… ¡en la misma estación!-. Y también se subestiman las posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico, lenguaje que descubrió desde hace mucho tiempo que para mostrar emociones no alcanza, solo con, una colección histérica de primeros planos.
Nevar en Buenos Aires atrasa, esa no es su peor forma. Lo que creo más peligroso es que se trata de un film que esta convencido, que milita, el atraso. No fue un error, ni un tiro por la culata. Fue producto de una decisión estética y política. Coterráneos del cine nuevo, uniós, "¡Subiela Not Dead!".

3 comentarios:

C. dijo...

Entonces hice bien en pararme e irme del cine. Digamos que no me perdí nada.

Anónimo dijo...

Me parece que te la tomaste demasiado en serio, es una película chiquita, bién narrada, con algunos baches de guión , pero que cuenta una historia. Si el mismo film hubiera estado producido por un canal de tv hubiera sido un exito de público.
Tiene sus fallas, pero rescato la intención de construir escenas, el ritmo y el elemento fantástico en un film dramático, algo poco usual en nuestro cine.

DANIEL

Luciano dijo...

Daniel. Puede que tengas razón. Incluso yo mismo aclaré que el texto era exagerado. Pero, la verdad, me pareció una película reaccionaria, y eso generó la exageración. Te mando un abrazo, y gracias por dejar tu huella por aquí.